sábado, 8 de enero de 2011

Vuelvo a vivir, vuelvo a cantar

En la primaria no nos dejaban cantar en las fiestas patrias hasta llegar a quinto grado. Yo no veía la hora de poder cantar el Himno a Sarmiento y Yerga el Ande su cumbre más alta, y amaba la clase de música.
Cuando entré al glorioso Normal 4 de Caballito, morí de felicidad: tenían un coro "en serio". Me probé la voz en cuanto pude y canté en todos los coros organizados por el colegio (incluido el "coro de misa", a pesar de ser una agnóstica precoz). Debo a la música buena parte de mi relativo éxito académico, ya que los ensayos eran en hora de clase y mis frecuentes ausencias me libraban de pasar al frente cuando me llamaban.
Mi intención era seguir cantando, así que al terminar el colegio empecé a tomar clases de verdad. Pero la vida en Filo era demasiado absorbente y divertida, y las clases quedaron en el olvido muy pronto. Un par de años después, me probé para el coro de Filo, y descubrí que mi voz tenía problemas técnicos.
Salto a 1989, vuelvo a tomar clases: desastre. Durante cuatro años, arranqué y dejé por lo menos cinco veces, desesperada por no poder resolver los hiper básicos problemas de emisión.
En 1996 salí del Colón después de ver "La Flauta Mágica" y me puse a llorar en el 39: si no cantaba me moría. Vuelta a empezar, esta vez en el Coro de la UBA, donde el maravilloso Oscar Castro consiguió resolver mis problemas y hacerme cantar Bach. Y misteriosamente, se me acomodó la voz y se me acomodó la vida.
1998, se enferma mi vieja, mi vida personal es un quilombo, largo todo. Durante doce años el canto queda olvidado.
Hasta el 29 de diciembre de 2010, donde tomo otra vez una primera clase.
Me encanta la profe, hasta que discutiendo repertorio de clase, primero me propone las horrendas canciones italianas para principiantes. Ya las canté, y las detesto. Contraoferto Bach: no, muy difícil. Ugh. Profesora pregunta: te gusta la comedia musical? Siiiii, contesto, pensando en My Fair Lady y los grandes clásicos. Pero la profesora estaba pensando en Cibrián-Mahler: NO. No, no y no.
Se hace la luz en mi cabeza: Renacimiento inglés? La profe se entusiasma, y me ofrece acompañarme con laúd. CON LAÚD. Voy a cantar con acompañamiento de laúd. Y yo que pensé que a esta edad ya no me iba a pasar nada maravilloso. No puedo creer mi buena suerte.
Acá va una canción de John Dowland, para que entiendan mi felicidad:

http://http://www.youtube.com/watch?v=tholg9yNERw

jueves, 6 de enero de 2011

Más conjuntitos

Aquí más muestras del pichuleo creativo:

Vestido de Juan Pérez, $ 15


Blazer de Laura Ashley en Juan Pérez, $ 100;
vestido Mercado Libre, $ 1;
zapatos Juan Pérez, $ 120;
cartera Juan Pérez, $ 30

Vestido de Arco Iris, $ 50;
cartera Awada de Mercado Libre, $ 40


Cartera y zapatos de Mercado Libre, $ 50 cada cosa


Vestido de Juan Pérez, $ 20;
blazer bordado de Rivadavia al 1900, $ 20

miércoles, 5 de enero de 2011

Estilo Bibiloni: pase y revuelva

En mi juventud, por razones presupuestarias, me vestia solo de negro: jean, pulover negro y botas negras en invierno, musculosa negra y sandalias chatitas negras en verano. Un estilo elegante, versátil y (sobre todo) sufridito.
Cuando mi economía empezó a mejorar, agregué algo de gris y azul al guardarropas.
En 2008, cuando me tocó barajar y dar de nuevo, miré mi armario correcto, clásico y aburrido, y decidí "Ceci n'est pas Bibiloni".

Bibiloni debería vestirse como Iris Apfel:

Pero por más que lo intente, no me sale: a lo sumo consigo parecerme a Inés de la Fressange en un día de mierda. Y bueh, es lo que hay.

La cuestión es que, para estar a la altura de mi alter ego virtual Bibiloni, resolví ser un poco más creativa con la ropa. Y en 2009 descubrí las ferias americanas y una bestia sanguinaria se desató en mí. Ferias, Mercado Libre, vale todo.
Soy capaz de bajarme de un colectivo si veo una feria que nunca visité. DEBO revolver, puede ser que ahí me esté esperando el amor de mi vida en forma de prenda de vestir, y es hoy o nunca.

Así que como aporte a la comunidad, comparto mi mapa de Ferias Americanas preferidas.


IMPERDIBLE: Vestite en Juan Pérez (M. T. de Alvear al 1441). Hay mucha renovación de stock, así que conviene darse una vuelta cada tanto para ver las cosas nuevas. Hay ropa de todas las épocas y tienen muy buenos zapatos, a veces sin uso. Las carteras están baratísimas. Tienen un sector de ropa de marca posta, finoli finoli, pero yo voy a pichulear, así que me quedo en el sector proleta. Dato importantísimo: dos veces al año organizan "La Saladita de Juan Pérez": todo a cinco, diez o quince pesos. Tiran la ropa en el piso, dejan entrar en grupos de a 30, y es a matar o morir. En diciembre fui y con 100 pesines me compré una parva de cosas preciosas.

GALERÍA QUINTA AVENIDA: Varios locales, en Santa Fe y Talcahuano (entrando por Talcahuano). Fueron los precursores de la moda vintage, pero la verdad es que nunca encontré nada que me guste en esa galería.


PASEO DE COMPRAS: En la zona cercana al Congreso hay un montón de ferias, casi todas gestionadas por nativos de Europa del Este, rusos, ucranianos o qué se yo (será la mafia de la ropa usada?). En general, los rusos (o lo que sean) tienen la mercadería en muy buen estado y limpita.
En Rodríguez Peña al 200 está la Feria Americana Las Estrellas (siempre que voy encuentro algo que me gusta) y en la otra cuadra (al 100) la Feria Arco Iris. Venden ropa nacional "de marca" a muy buenos precios, y algunas cosillas importadas. Tienen una sucursal en Avenida de Mayo 1281 que se llama La Victoria, también hay muy lindas cosas y en buen estado. Enfrente del Arco Iris (R. Peña al 100, mano impar) hay otra feria chiquita, pero es un poco cara.
También hay una feria en Rodríguez Peña al 400, mano impar, tienen lindos zapatos y ropa con onda más aseñorada.
En Bartolomé Mitre 1715 está la Feria La Herencia, ropa con menos pretensiones pero siempre algo encontrás. También en Sarmiento al 1800, mano impar, hay una feria de rusos, en el mismo estilo.
Otra feria de rusos está en Rivadavia al 1900, ropa más sencilla que en las ferias de Rodríguez Peña (muchas cosas de los 90).
Finalmente, en Sarandí entre Rivadavia y H. Yrigoyen hay un localcito donde hice algunas de mis mejores adquisiciones.


EN BELGRANO: En las galerías que están sobre Cabildo hay generalmente una feria americana o dos. Hoy encontré una con buena mercadería: Strenados (qué nombre!), Av. Cabildo 2450, Local 14. Al lado de esa hay otra feria más shiome, pero con revolver no se pierde nada.
En Av. Cabildo 2370, Local 44/46 está El Baúl de Valentina, que también tiene sucursales en Godoy Cruz 2657 y Federico Lacroze 2646.
Y en Blanco Encalada entre Cabildo y Ciudad de la Paz está Baqueteado's (sí, se llama así!!!). Un local chiquito y prolijo, con ropa sencilla para todos los días, buenos zapatos y excelentes precios (calculá remeras 20$ y zapatos 40$).


EN FLORES: Las ferias que más me gustan son Lola, en Juan B. Alberdi casi esquina Carabobo, y una que no recuerdo el nombre, en Lautaro entre Rivadavia y R. L. Falcón (ahí me compré por 30$ una pollera de gasa tableada que es una de mis preferidas).


PARA NOCHES DE INSOMNIO Y CONSUMISMO: No hay como Mercado Libre. Es una lotería (más de una vez me ensarté con lo que compré) y hay que desplazarse para retirar los artículos, pero encontrás cosas baratísimas y con suerte conocés gente copada. Ojo, es adictivo.


Probablemente agregue más datos sobre ferias en posts sucesivos. Para ilustrar el post, van algunos de mis ensembles pichuleros, aunque soy fatal para sacarme fotos. Disculpen el desorden hogareño, me agarraron limpiando.


Tapado entallado Sisley de brocato en verde y azules, una loquiurrrrrr, $ 150 en Arco Iris. Los botines más lindos del mundo, combinados en pana, croco y cuero, $ 50 en Mercado Libre.

Camisa de organza $ 30, bermudas de gabardina $ 20, zapatos $ 50 (todo Mercado Libre). Bolsito de Las Estrellas, $ 80.

Pollera de broderie de Jazmín Chebar (la uso como strapless), comprada en Arco Iris, $ 50. Zapatos azules de Juan Pérez (nuevos, sin uso) $ 120. Bolsito Blaqué, 30$ en una feria de Don Bosco al 3800.

Remera blanca, $ 10, Lola. Pollera $ 30, La Herencia. Zapatos UN PESO, en Mercado Libre (son italianos, de cuero, divinos).

lunes, 3 de enero de 2011

Bibiloni vende

Cuando Ex-Marido retiróse del hasta entonces hogar conyugal, con la excusa de una pasión inesperada e irresistible (motivo subyacente: hartazgo terminal), me quedé sin muebles.
Lo primero que me compré fue un sillón, con la idea de retapizarlo para que quedara así:Nunca me puse las pilas y el sillón quedó sin retapizar, y ahora soy yo la que está harta del sillón (y todo lo que me recuerde ese infausto período de recién separada). Lo vendo por 1000 pesos, la mitad de lo que me costó cuando lo compré en 2008. Una pichincha.
Es de estilo Don Luis, la estructura está perfecta, y tiene "detalles" que se aprecian en las fotos 2 y 3: un almohadón que se descosió y un par de tajitos. Lo voy a publicar en Mercado Libre, pero si a alguno le gusta, me chifla y cerramos trato.




























domingo, 2 de enero de 2011

Año nuevo, vida boba

Al menos lo empecé bien, en familia y con asado: corderito a la cruz, en el profundo sur (Florencio Varela). Sobremesa mirando fotos viejas mientras los niños chapoteaban en la Pelopincho gigante, primas divertidas, mayoría kirchnerista (intención de voto entre los asistentes: superior al 90%).
Sector primas y hermano, más Bibiloni con cara de exceso de Sidra La Farruca
Sector Tíos Bibiloni mas Madre Bibiloni (de beige) en todo su esplendor, celebrando 13 años de convivencia con el cáncer


Sobrinos conurbanos disfrutando de la Pelopincho peronista y la justicia social


Detalles: ninguna prenda de mi vasto y nuevo guardarropas me entraba. Tuve que ponerme una pollera cual si fuera un strapless. De lo cual se desprende como primer propósito para el nuevo año: recuperar la forma humana.
Segundo propósito para 2011: volver a cantar (tomé mi primera clase el miércoles 29). Tiembla el ambiente de la lírica nacional.
Tercer propósito, a desarrollar en mi mes de vacaciones urbanas: terminar todos los arreglos y artesanías hogareñas pendientes (alfombrar los dormitorios, armar el cuarto de huéspedes, decoupage en mi mesa de televisor, enhebrar collares rotos, "intervenir" mi vestuario).
Cuarto propósito: arreglarme el medorco de una buena vez (pernos, coronas, implantes: un patrimonio).
Y hasta ahí llego. Dejar de fumar, curarme el bocho, salir más, figuritas repetidas de todos los años, esta vuelta las paso por alto.
Allá vamos, 2011.

martes, 28 de diciembre de 2010

Verano en la ciudad

Enfrentada a la disyuntiva "vacaciones, o perno y corona?" resolví destinar mi aguinaldo al mejoramiento de mi aparato masticatorio. Lo cual implica quedarme en Buenos Aires durante enero.
Concurrir a públicos natatorios está fuera de la cuestión, ya que no puedo tomar sol por orden médica. Ídem instalar Pelopincho en la terraza (mi sueño, yo para soñar soy muy proletaria). Así que durante el día me quedaré encerrada, gozando del split y la fresca viruta. Si algún día afloja la canícula, saldré de paseo.
Para la noche, ya tengo el hedonismo asegurado: me compré una reposera (de las que se ponen horizontales) y una botella de ron Bacardi. Nada como tomarse un daiquiri y dormir bajo las estrellas. Cuando empieza a clarear me voy a la camita. Y un daiquiri a day keeps the doctor away.
Me acuerdo de un cuento de Ray Bradbury que leí en mi infancia, sobre una chica que padecía de un mal misterioso (desgano, inapetencia, tristeza) y un deshollinador sugirió que la hicieran dormir a la luz de la luna una noche. Al día siguiente, la chica estaba milagrosamente curada. En mi infinita inocencia, no comprendí que el remedio había sido que el deshollinador le había dado para que tenga y guarde (tuviera y guardara / tuviese y guardase).
No sé si hay deshollinadores en Buenos Aires, pero por las dudas aviso que estoy durmiendo en la terraza.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Registro Civil

Se casó el hermano Bibiloni, después de nueve años de convivencia y un hijo de cuatro.
Comentarios del sobrino Bibiloni, juro por mi honra que son textuales:
- Cuando el oficial del Registro Civil comenzó a leerles los artículos del Código Civil a los contrayentes, el niño preguntó asombrado: "El señor les va a leer un cuento?"
- Cuando un asistente a la ceremonia le comentó al niño "Ya se casaron tus papás!", el niño meditó en voz alta: "Y ahora qué va a pasar?"