Estaba toda llena de encajes y puntillas y cintas enrolladas y dobladas y acomodadas perfectamente. Y pensé en la mujer que se tomó el trabajo de guardar todo por las dudas, por si alguna vez lo necesitaba, y que se murió y que los parientes le vaciaron la casa y le tiraron los tesoros a la vereda y lloré.
Ahí estuvo la caja juntando tierra al lado de la tele y yo pensando qué hacer con los tesoros de una desconocida. Almuadón de encaje es muy ñengue ñengue, pero tal como ocurre con la decoración con caracoles, creo que todo es cuestión de escala.
Así que me voy a hacer unas cortinas para el dormitorio todas con encajes y puntillas y cintas rescatadas, que resulte tumultuosa como la capelina de encajes de Claudina cuando se va en tren a rendir el examen final del secundario.

A los dieciocho años, soñaba con ser como Simone de Beauvoir.

