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lunes, 9 de mayo de 2011

El I Ching y Burt Bacharach

Cada tanto me regalo una tirada de I Ching. Generalmente me dice cosas atinadas, y a veces me quedo sorprendida por la pertinencia de las respuestas, que pueden ser sutiles o brutales. Aunque a veces directamente te trata de idiota.
Como esta vuelta. Pregunté como salir del estancamiento, y me contestó con el hexagrama 49: El Cambio. Duh. Gracias, I Ching, no te hubieras molestado, cualquier vecino de a pie me podría haber dado el mismo consejo.
Como soy obediente, me puse a meditar sobre el asunto. Busqué en Google, y encontré una interpretación del hexagrama 49: "Lose what is old, grow what is new". Me inventé un ejercicio: todos los días deshacerme de algo viejo e incorporar algo nuevo. En un arranque de literalidad, empecé con tirar a la basura las sillas rotas de la terraza (algo viejo) y buscar música para el emepetrés (algo nuevo).
Un amigo publicó en Facebook un tema de Tom Jones que me encantó, y me bajé algunas canciones suyas. De ahí pasé a la música de los años 60 (ya sé, ahí patiné con el concepto de "lo nuevo"), y navegando en You Tube, llegué a esto:



Quedé fascinada. Esa canción es tan perfecta como un lied de Schubert. Jazzeadita, toquecitos de bossa nova, 100% pop pero con una progresión armónica encantadora que me recordaba a... Satie? Pensé que estaba enloqueciendo, Burt Bacharach y Erik Satie? Hasta que veo en una página biográfica que Bacharach estudió composición con Darius Milhaud. Alivio: no estoy tan demente.
Escuché más canciones (algunas muy conocidas por haberlas escuchado de chiquita) y me fascinó todavía más: cómo Bacharach, de canuto, mete todo tipo de transgresiones rítmicas y armónicas al pop de los 60 (tres tonos, dos estrofas, puente y estribillo) y consigue canciones populares, refinadas, inolvidables. Me encanta eso.

jueves, 5 de mayo de 2011

Se levanta la veda

Lotrodía fui al Cinemark de Caballito a ver Cosí Fan Tutte, una ópera filmada en el Royal Opera House. El año pasado transmitieron una función en directo a cines de varios países del mundo, entonces la filmación estaba hecha "como si" estuvieras en el teatro: mientras entrabas al cine, en la pantalla se veía la gente entrando a la sala y acomodándose en los asientos (cámara fija atrás de las butacas, con sonido ambiente); los aplausos del público venían de los parlantes de atrás, etcétera. Una idea simpática. En un par de momentos, estaba tan distraída que me olvidé que los aplausos también eran parte de la película y casi aplaudo.
No es que hubiera mucho para aplaudir: la puesta en escena era detestable y los cantantes principales no me gustaron nada. Pero bueno, es mi ópera preferida (Ex-Marido traducía el título, muy apropiadamente, como "Son todas putas") aunque la versión definitiva para mí sigue siendo la de Glyndebourne 2006, seguida por la de Gardiner 1992 (en caso de que a alguno le interesen estas disquisiciones operáticas). Si nunca la escucharon/vieron, acá va un pedacito (la segunda escena de seducción en la versión de Glyndebourne 2006). Está subtitulada en inglés y empieza con un recitativo, que siempre son medio embolantes, la música viene después.



Lo único digno de aplauso, de ovación, de revolear bombachas, de incinerarse a lo bonzo era el director de orquesta. No lo conocía: Thomas Hengelbrock, especialista en música medieval. Si me invita a salir, le digo que sí, y pasaremos largas veladas de pasión desenfrenada y lectura de partituras.



¡Papurri!